El informe **“Vegetarian diets and cancer risk: pooled analysis of 1.8 million women and men in nine prospective studies on three continents”**, publicado en 2026 en el **British Journal of Cancer**, analizó la relación entre distintos patrones de alimentación y el riesgo de cáncer en más de 1,8 millones de personas.

Fuente: https://www.nature.com/articles/s41416-025-03327-4

La investigación reunió datos de nueve estudios prospectivos realizados en Reino Unido, Estados Unidos, Taiwán e India, y comparó a consumidores de carne, consumidores de pollo, pescetarianos, vegetarianos y veganos. Con un seguimiento mediano de 16 años y más de 220.000 casos de cáncer analizados, se trata del mayor estudio realizado hasta ahora sobre dietas vegetarianas y riesgo de cáncer.

Los resultados son relevantes en cuanto a la comparación con quienes consumían carne, las personas vegetarianas presentaron menor riesgo de varios tipos de cáncer, entre ellos cáncer de páncreas, mama, próstata, riñón y mieloma múltiple.

Aunque el estudio habla específicamente de dietas vegetarianas, sus resultados fortalecen una idea cada vez más respaldada por la evidencia sobre que los patrones alimentarios con mayor presencia de alimentos vegetales y menor consumo de productos animales pueden tener un papel positivo en la salud a largo plazo.

Durante años, las dietas sin carne fueron cuestionadas con argumentos vinculados a la salud, muchas veces sin distinguir entre una alimentación mal planificada y una dieta vegetal completa, variada y nutritiva. Estudios amplios como este ayudan a establecer que no se trata de si una alimentación sin carne “puede ser saludable”, sino de cómo planificarla correctamente para aprovechar sus beneficios.

Las dietas veganas incluyen más fibra, frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y otros alimentos ricos en compuestos bioactivos. Al mismo tiempo, eliminan carnes rojas y procesadas, cuyo consumo ha sido asociado en distintas investigaciones con mayor riesgo de enfermedades crónicas. Ese conjunto de factores podría ayudar a explicar parte de las asociaciones observadas.

El estudio también revela algunos casos negativos en una cantidad muy menor de vegetarianos que lejos de debilitar el valor del estudio, estos matices muestran la importancia de seguir investigando. La ciencia no avanza con slogans, sino con datos cada vez más precisos. Y en términos generales, la evidencia presentada es favorable para los patrones alimentarios con menor presencia de carne y mayor protagonismo vegetal.

La lectura responsable no es decir que una dieta vegetariana o vegana “cura” o “previene” el cáncer por sí sola. Ninguna dieta puede prometer eso. Pero sí puede decirse que una alimentación basada en plantas, bien planificada y acompañada de hábitos saludables, aparece cada vez más como una opción sólida, válida y compatible con la prevención y el cuidado de la salud.

Elegir una alimentación vegetal no es solo una decisión ética hacia los animales. También puede ser una forma de cuidar la salud, reducir impactos ambientales y participar de un cambio alimentario cada vez más respaldado por la evidencia científica.